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Alejandro Pociña, Presidente de Steelcase

Durante años hemos pensado que la evolución de la tecnología en la forma de trabajar terminaría por hacer desaparecer las oficinas. En el mundo interconectado en el que estamos inmersos, en el que puedes llevar la oficina encima gracias al móvil, ¿qué sentido tiene ir a la oficina? Sin embargo, algo de sentido debe tener cuando las grandes corporaciones de todo el mundo, incluso aquellas que están abanderando el desarrollo tecnológico más puntero, están redefiniendo sus sedes corporativas para convertirlas en lugares centrados en las personas. Porque aunque pensemos que podemos trabajar desde cualquier parte, y algo de razón hay en ese planteamiento, lo cierto es que el trabajo que se realizará en los próximos años será fundamentalmente colaborativo y, eso, por mucho que queramos, difícilmente podremos hacerlo de una forma efectiva desde el salón de casa.

Los espacios de trabajo de la nueva era están dejando de ser un “contenedor de personas” para pasar a ser un catalizador de la innovación, el compromiso y la atracción de talento. Un reciente estudio realizado por Steelcase sobre el compromiso y el espacio de trabajo global, evidencia algo que ya sospechábamos y que ahora podemos constatar: el grado de compromiso de los trabajadores está muy relacionado con el espacio de trabajo. De hecho, el 13% de los empleados  que están muy comprometidos también están muy satisfechos con su entorno laboral. Por el contrario, el 11% que está activamente ‘descomprometido’ se manifiesta insatisfecho con su lugar de trabajo. Existe, como vemos, una relación muy directa entre espacio y compromiso. En el mundo laboral que se nos avecina, en el que las empresas vivirán una auténtica guerra por el talento, el espacio de trabajo se convierte en un activo importantísimo para las empresas. Los trabajadores ya no buscan únicamente sentirse cómodos con su retribución salarial o su progresión laboral, también buscan trabajar en un entorno sin ataduras, inspirador y que promueva su bienestar desde una perspectiva holística. En definitiva, que acudir a la oficina sea una necesidad más que una obligación.

A tenor de estos datos, apostar por espacios laborales diseñados para fomentar aspectos como el bienestar, la concentración, la colaboración, la creatividad, y la innovación, entre otros, es una de esas decisiones estratégicas elementales para toda empresa que quiera competir activamente durante los próximos años.

La ecuación es realmente sencilla: el espacio de trabajo influye en el rendimiento y compromiso de los empleados, lo que a su vez incide directamente en la cuenta de resultados. Con lo que el planteamiento de toda empresa que quiera sobrevivir a los enormes cambios laborales que se nos avecinan no es si replantear o no un cambio en el espacio de trabajo para adaptarlo a las nuevas reglas del mercado, sino, cuándo hacerlo.